En este post, al igual que con las escuelas francesa e italiana, me propongo reunir los principales tratados de danza escritos por españoles. Estos abarcan desde el siglo XV al XIX y en ellos puede encontrarse desde danzas cortesanas, hasta las primeras descripciones de lo que actualmente se considera escuela española.

Destaco la exposición que tuvo lugar en la Biblioteca Nacional de España el pasado 2011 a la que le siguió una interesante conferencia de la especialista en danza barroca Maria José Ruiz Mayordomo. Y es que es en esta biblioteca donde se encuentran la totalidad de los escritos españoles. Tras su lectura destaco los siguientes aspectos.

– La tratadística española es tan rica como la francesa o italiana, participando de las controversias y debates que giran en torno a la danza y que van desde las normas morales (¿este movimiento es digno o es obsceno?, ¿por qué?, ¿quién decide esta frontera?) hasta las políticas (¿es que acaso debemos bailar como los  franceses?, ¿no es España igual de rica en danzas como otros países o incluso superior?), pasando por lo que lo que diferencia a los buenos maestros de los que no lo son, o el precio que hay que pagar a quienes se dedican a la danza…

– En estos textos se puede apreciar por un lado, la relación de la danza española con el ballet de corte francés e italiano de la época y por otro, las particularidades de la danza propiamente española. Ésta última, se da en dos niveles: por un lado, en lo que concierne a los tipos de danzas (ya que parte de ellas eran de origen español) y por otro a la danza popular española (que en los últimos tratados va colándose en las danzas permitidas, como si se fuese del tablao al escenario progresivamente). Incluso cuando lo que describen son danzas francesas o italianas, estos teóricos especifican los matices como se baila en España. Al conocedor del flamenco y especialmente al de escuela bolera le será útil ver cómo se va generando una conexión entre ambas desde el principio, hecho que puede verse en la utilización terminológica común (los pasos de danza se llaman igual, respetándose los idiomas originales cuando es menester)

– La utilización terminológica comparada entre las escuelas francesa, italiana y española da la posibilidad de comprobar que existe un vocabulario común. A pesar de que los tres países tienen sus propias danzas, puede hablarse de un estilo europeo de danza que terminará por asumirse en el actual ballet clásico y del que España participa.

– Estos libros ponen de manifiesto la relación que en España había con la danza cortesana europea y su evolución. De entre los tipos de danzas que existen en esta época (que se conocían sobre todo en bodas o reuniones de la corte) la presencia de danzas españolas es alta. Los teóricos de la danza cortesana española están tan preocupados por las cuestiones de protocolo como por los pasos coreografiados, lo que da cuenta de su carácter elitista. En la educación de todo cortesano está incluida la danza, por eso no es raro encontrar dedicatorias en estos libros a reyes. En el caso de España se alaba el papel como bailarines entre otros, del Duque de Lerma. Será a partir del siglo XVII, coincidiendo con la crisis política entre España y Francia, cuando desde el extranjero, comience la preocupación por la moralidad de los movimientos de la danza popular española, que siempre existió pareja a la cortesana aunque no hayan quedado reflejada en forma de tratados (sí aparece en la literatura de la época).

– La figura del maestro gozaba de una alta consideración. Al parecer estos profesionales eran muy bien pagados por los monarcas y por lo tanto, parte de la nobleza no podía permitirse pagar esas sumas de dinero, lo que ocasionó la llegada masiva de maestros que no contaban con una formación tan rigurosa al comenzar el ascenso de la burguesía. La polémica de los buenos o los malos maestros comienza en estos siglos y como se sabe, continúa en la actualidad. Algunos de estos libros están escritos para que cualquiera pueda comprarlos y aprender a bailar sin ayuda del maestro. Esto tiene como consecuencia la clarificación del método notacional (cualquiera debía poder entenderlo) y la conversión en auténticos best seller en la época. Además, esto genera también una serie de escritos satíricos que tienen por objeto ridiculizar las costumbres extranjeras en aras a propiciar un lenguaje dancístico propio y que ayudan a forjar un lenguaje único.

A continuación, expongo de forma cronológicamente ordenada los nombres de estos tratados, indicando en cada caso si existen ediciones en facsímil que se puedan consultar fuera de los círculos de investigación.

1.- Anónimo, Manuscrito de Cervera, 1495.

Son apenas cuatro hojas con letra ilegible. Aún así, y a pesar de no tener notación musical, se identifican algunas palabras debajo de cada tipo de danza.

2.- Juan Navarro de Esquivel, Discursos sobre el arte del danzado, Sevilla, 1642.

Riquísima descripción de las danzas practicadas en la España de los Austrias. Su autor es un militar que habla de la formación del bailarín español de la época: comenzaban a formarse a los cuatro de edad, unas dos horas al día, frente a un espejo que sujetaba un maestro (luego ya había noción de perspectiva) En el libro aparecen conceptos de actualidad, como “bailar en posición”. Como se puede ver en el posterior dibujo, y al igual que en las danzas francesas e italianas, no se anotaban los brazos. Lo importante era tener controlada la parte baja del cuerpo (lo que sin duda tiene motivos morales)

Recomiendo la edición: Esquivel, Navarro Discursos sobre el arte del danzado, Librerías París-Valencia S.L, Valencia, 1998.

3.- Anónimo, Reglas de danzar aunque mal se puede aprender con sólo leer, 1642.

Fue recogido por Barbieri y por eso ahora forma parte de la Biblioteca Nacional de España.

4.- Juan Antonio Jaque, Libro del arte del danzar, 1680.

5.- Pablo Minguet e Irol, Arte de danzar a la francesa. Madrid, 1758.

Es un libro rico en notación, pero muy propagandístico. Su autor quiere venderlo y no para de repetirlo a lo largo de todo el libro. En el se incluyen las recomendaciones habituales por las que se debe ejercitar en la danza (por una cuestión de buena educación y de aprendizaje de los buenos valores para estar en sociedad, pasando por las recomendaciones médicas -el movimiento cura la melancolía-) con una rica descripción de pasos y movimientos. A pesar de estar escrito para la venta, se respetan las normas básicas del baile.

Recomiendo la edición Subirá, José, Libro del arte del danzar de Don Baltasar de Rojas Pantoja compuesto por Juan Antonio Jaque (Siglo XVII) en Anuario Musical Volumen V, 1950.

6.- Bartolomé Ferriol y Boxeraus, Reglas útiles para los aficionados a danzar, Málaga, 1745. (Versión digitalizada en la Biblioteca Nacional Española)

7.- Juan Fernández de Rojas, Crotalogía o ciencia de las catañuelas, 1792.

Un libro muy reeditado por ser el único especializado en este instrumento.

8.- Felipe Flores De Rojo, Tratado de recreación instructiva sobre la danza, Madrid, 1793. En la línea del espíritu científico de la Ilustración.

9.- Juan Jacinto Rodríguez Calderón, La bolerología, 1794.

Recomiendo la edición Rodríguez Calderón, Juan Jacinto, La bolerología o quadro de las escuelas del baile bolero, tales quales eran en 1794 y 1795 en la corte de España, Philadelphia, 1807.

Forma parte de los tratados satíricos al igual que los dos siguientes.

10.- Juan Antonio Zamazola, Libro de moda o ensayo de la historia de los currutacos, 1795.

11.- Juan Antonio Zamazola, Elementos de la ciencia contradanzaria, para que los currucatos, pirracas y madamitas del nuevo cuño aprendan a baylar (sic) las contradanzas por sí solos o con las sillas de sus casas, Madrid, 1796.

12.- Juan Antonio Zamazola, Colección de las mejores coplas de seguidillas, tiranas y polos, 1788.

El título ya da cuenta de que la obra es una comedia. Su autor se hace llamar “Don preciso” y es un vizcaíno licenciado en filosofía que como cualquier habitante de las clases altas del País Vasco está acostumbrado a ver la llegada de las danzas francesas. No obstante, estamos ante un nacionalista español que cuestiona el poder que la danza francesa tiene sobre lo español, en un momento de crisis política con Francia. En esta obra se ponen en cuestión aspectos tan esenciales como si la danza puede o no ser una ciencia, o si debe regirse por aspectos geométricos, o si debe haber o no una correspondencia entre la danza y el argumento… Fortísima crítica al autoritarismo francés y a la preponderancia de este estilo en el baile y en la cultura española, que deja de lado la propia.

Me permito hacer una recomendación de bibliografía secundaria para entender el contexto general en el que transcurre esta obra a partir de un artículo, porque puede leerse en castellano desde internet. Se trata del artículo de Enrique Llobet Lleó que lleva por título “Las relaciones musicales entre Francia y España desde el Barroco hasta mediados del siglo XIX”, publicado por la revista Hispanogalia. En él se contextualiza este periodo histórico, y puede descargarse en PDF aquí.

13.- Antonio Biosca, Arte de danzar o reglas e instrucciones para aprender a danzar las danzas francesas o rigodonas, 1875.

14.- José Otero, Tratado de bailes, Sevilla, 1912.

Recomiendo la edición de Asociación Manuel Pareja-Obregón, 1987, Madrid. Aunque está escrito en el siglo XX, considero que es un libro descriptivo y por lo tanto, que sigue el estilo de la recopilación de información típico de los pasados siglos.

De entre la bibliografía secundaria de la época, existen cuatro fuentes principales: por un lado, los folletos de tono moralizante en su mayor parte escritos por religiosos; por otro, los impresos de notación musical que incluye la forma de ejecutar las danzas que le corresponde (interesante para ver la relación entre música y danza); en tercer lugar la literatura, pues desde Lope de Vega hasta Cervantes en el Quijote se citan danzas españolas. Y finalmente, los escritos musicales del “majismo” del siglo XVIII que incluyen en su mayoría la descripción de las danzas.

Si bien durante el siglo XX se dio un apogeo de la teoría de la danza (propiciado sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial en la llamada “modern dance” en Estados Unidos) no ha sucedido lo mismo en España. Pueden ser muchos los motivos pero está claro que la falta de tradición no puede ser uno de ellos.

Otra vez… ¡merece la pena leer sobre danza!

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