A lo largo de este mes de octubre el Aula de las Artes de la Universidad Carlos III de Madrid le dedica un ciclo a la danza que, con el nombre de “Perspectivas de la danza española” está siendo uno de los primeros encuentros entre danza y Universidad.

La sesiones cuentan con la presencia de destacados miembros de la danza española que expresan tanto la importancia de estar hablando de danza en la Universidad, como la novedad que supone para ellos tener que hacerlo frente a un público que desconoce el lenguaje técnico. Algo que sucede, sin duda, porque la teoría de la danza suele contarse sólo (y en el mejor de los casos) a bailarines.

Elvira Andrés–ex- primera bailarina de Antonio Gades y coreógrafa, directora del Ballet Nacional de España durante los años 2001-2004 y actualmente, docente del Real Conservatorio de Danza de Madrid – pronunció la segunda de las conferencias de este ciclo, titulada “La escuela clásica española: la Escuela Bolera y la Danza estilizada” en la que recorrió la historia de la danza española, haciendo un mayor énfasis en los protagonistas del Siglo XX y en la danza estilizada. Lo que pueden leer a continuación es un síntesis de las principales ideas que desarrolló.

Aunque el origen de la danza española es el folclor, actualmente existen al menos cuatro tipos distintos de danzas: el folclore, la escuela bolera, el flamenco y la danza estilizada. Lo que hoy en día se conoce como “escuela bolera” comenzó por llamarse “bailes españoles”. Por aquel entonces, los bailarines no se habían profesionalizado a pesar de que estudiaban distintos tipos de danzas -como el bolero, el zapateao o las seguidillas- las mismas que después se mezclaron con la danza académica francesa e italiana. Los primeros tratados editados aparecen alrededor de 1650 y en ellos queda reflejada la alta codificación a la que ya estaba sometida la danza.

Se llamó “bolera” porque de todos los tipos de baile fue el así llamado el que más éxito tuvo, pero en realidad es una mezcla de danza académica y bailes españoles; considerada una danza de gran virtuosismo, se bailaba con castañuelas y con una especial redondez en los brazos, con zapatilla, tacón y en algunos casos ya en el siglo XIX, con punta. Decayó en el siglo XIX debido tanto al nacionalismo como al exotismo propio del romanticismo, que hacen que Europa se fije en lo que se conocían como “bailes andaluces”, en detrimento de otros más estilizados como el “bolero”. Es en esta época cuando las academias y salones, así como los cafés cantantes, empiezan a tener protagonismo y es en ellos donde comienzan a actuar los mismos bailarines que eran cotizados en los escenarios europeos. En estos cafés cantantes participaban los protagonistas de las principales sagas familiares (de Cataluña, Madrid y Sevilla, fundamentalmente) gracias a las cuales, una vez desaparecida la costumbre de escribir tratados, se ha conservado la danza por medio fundamentalmente de transmisión oral.

A principios del siglo XX aparecen los teatros de variedades. Es en este nuevo escenario donde los bailarines se nutren de la música popular para hacerla sinfónica (con compositores como Manuel de Falla) Otra de las influencias fundamentales para la danza es la llegada de los “Ballets rusos de Diaghilev” a España, ya que permitió a los bailarines españoles ponerse en contacto con formas distintas tanto de bailar como de crear coreografías.

Los rusos adoptaron el término “obra de arte total” para designar aquellos espectáculos que ponían todas las artes al servicio de la danza (desde pintores para los decorados hasta modistos para los trajes) En estas grandes obras, el coreógrafo encarnaba el papel de un creativo que inventaba y controlaba el fiel desarrollo de toda su obra. En España, hasta entonces, había habido Maestros que personificaban escuelas donde se repetía parte del folclor popular del que se nutrían. Fruto de la visita de los Ballets Rusos (que llegaron a actuar no sólo en las grandes ciudades, sino también en pequeños pueblos y provincias) comenzaron a aparecer los primeros coreógrafos españoles.

Pues bien, éste es el comienzo de la danza estilizada española de la cual Antonia Mercé (“la Argentina”) es la primera representante. Mercé estrenó en París “El amor brujo” -que puede considerarse la primera coreografía de danza estilizada- con música de Falla.

La danza estilizada se podía haber llamado creativa “porque esa es su esencia”: “estilizar”, según el diccionario de María Moliner, significa “reducir la representación artística de una cosa a sus elementos característicos o que más responden a la idea que el artista quiere transmitir, a veces alterando su forma, proporciones o disposición”.

Y esto es lo que, ya en 1925, hizo Antonia Mercé: tomar lo popular y transformarlo para contar una idea. Con ello mostró que la danza española es una forma de lenguaje, no solamente un folclore. Como explicó Elvira Andrés a raíz de la pregunta de una alumna, para entender la diferencia puede pensarse en las Sevillanas: éstas son un tipo de baile folclórico porque todo está pactado y se trata de repetir, circularmente, una serie de pasos. En cambio, la “danza estilizada” requiere de una técnica (entendida como “habilidades y destrezas”) que es necesario adquirir para después ponerla al servicio de una determinada idea. Según Mariemma (la famosa bailarina del Siglo XX) “la danza estilizada es la libre composición basada en los bailes populares, la escuela bolera y el flamenco” es decir, se puede utilizar cualquiera de los tipos de danza española para su creación. Lo importante, pues, es crear una partitura de movimientos para ponerla al servicio de una idea. Cuando se cumple este mínimo es cuando se puede dejar de hablar de “Maestros” y comenzar a hablar de “coreógrafos”, entendidos como creadores de movimiento. (Dicho de forma un poco más compleja: se trata de diferenciar la danza popular -baile de carácter folclórico con estructura ritual donde hay una serie de elementos fijos que son repetidos- y la danza como creación en función a una estructura narrativa -que puede ser, por ejemplo, contar una historia como la de Medea, o bien, desarrollar una idea abstracta, como el amor)

Entonces, ¿quiénes son los protagonistas de la danza española del Siglo XX? Durante los años 20-30 destacan: Antonia Mercé, Encarnación López y Vicente Escudero; en la décadas de los años 40 a 60: Pilar López Antonio Ruiz y Mariemma; y de los años 60 a las 80: Alberto Lorca, José Granero y Antonio Gades.

Todos los que pertenecen a la década de los 20-30 tuvieron una relación especial con los músicos (lo que no quiere decir que descuidaran el trabajo con los figurinistas, escenógrafos, etc) pero lo fundamental para todos ellos fue expresarse con lo que en aquel momento era una “nueva” música que, al ser culta, pedía una ejecución distinta. Pero además, cada uno de ellos tuvo una relación especial con alguna otra manifestación artística que no era ni la música, ni la danza.

Encarnación López  fue la musa del 27: pareja de Ignacio Sánchez Mejías y Federico García Lorca, era una apasionada de la literatura y por eso contaba historias narrativas en sus coreografías.

Vicente Escudero creó la primera estilización del flamenco. Era pintor y cuando coreografiaba quería ver “ballets pintados”.

De los protagonistas de los años 40 al 60 pueden destacarse las relaciones que establecen con sus predecesores que más que con la obra, tienen que ver con el estilo. Así,

Pilar López quien, siguiendo la línea de su hermana Encarnación López, creó obras de carácter narrativo.

Antonio Ruiz es el más influenciado por los Ballets Rusos de Diaghilev, y por eso creó un estilo de danza basado en la obra de arte total (un coreógrafo que dirige la escena pero donde la música, el decorado, y hasta el libreto están pensados en función a una idea común).

Mariemma (formada en París en ballet clásico, y la primera en hacer un plan de estudios teóricos para la danza) siguió a Antonia Mercé, por lo que en sus obras, lo popular es transformado cuando se pone en conjunción con la danza académica.

Antonio Gades recogió de Pilar López de la danza teatral y es, sin duda, uno de nuestros coreógrafos más internacionales.

Todos estos ejemplos lo son de danzas cultas. No obstante, desde los años 80 se ha dado un auge de determinado tipo de flamenco que, por estar pensado únicamente para entretener al turista y no tener ningún concepto artístico de por medio, ha dañado la imagen y el contenido de la danza.

A continuación, se proyectaron algunos vídeos que fueron comentados. A modo de ejemplo, se pusieron varios fragmentos de “Fuenteovejuna” de Gades y varios de “Carmen”: en ellos se pudieron ver plasmadas las ideas de la danza estilizada, así como parte del pensamiento coreográfico de Gades, que Elvira Andrés conoce bien por haber trabajado con él durante años. Como contó en una conferencia que tuvo lugar en el Teatro Real en mayo del pasado 2011, la obra de Gades es universal porque expresa valores globales. De hecho, su Compañía ha girado por países tan diversos como Japón o Turquía y los caracteres de los personajes de sus obras han sido perfectamente comprendidos. Gades recuperó el folklor y lo puso al servicio del pueblo. Aunque utiliza música culta y mezcla diversos tipos de danza, su resultado no resulta ecléctico sin contenido. Así, se pueden ver escenas de danzas del Renacimiento (donde los hombres y mujeres no se tocaban) hasta pequeños giros que nos presentan a los personajes (como que utilicen un determinado paso de baile navarro para dar a entender que el personaje es de allí) El estilo de Gades es pulcro: todos los pasos están al servicio de lo narrativo, de manera que ni sobra ni falta nada; así por ejemplo no se trata de hacer veinte giros porque de tiempo, sino de que el giro tenga algún significado pertinente para la acción dramática. Hasta la luz y el vestuario están milimétricamente pensados de tal manera que nada se improvisa. Es, sin duda, un coreógrafo de danza estilizada.

En el caso de “Fuenteovejuna” lo que le interesaba era contar la historia de un pueblo unido en contra del poder, por eso quita la última escena de Lope de Vega. En la escena que pueden ver a continuación, se puede ver cómo un accesorio es utilizado para la acción dramática; se trata del bastón que, simbolizado el poder, demuestra el paso de mando del comendador.

La propia Elvira Andrés creó en 1993 “Mujeres”, premiada obra de danza estilizada creada en un momento en el que el flamenco se imponía como discurso. De su propia experiencia como coreógrafa cuenta que la elección musical tuvo que ver con la necesidad de renovación de los compositores. Por ello, de la mano de Emilio de Diego y Víctor Manuel Martín, presenta a un grupo de mujeres con caracteres muy distintos aunque comparten su pertenencia al mismo género (el corte del vestido es igual, aunque la parte de arriba es distinta) Las castañuelas y el zapateao no son sólo percusión, sino también expresión, de hecho, en esta obra los llevan pero no siempre los usan. A nivel narrativo, puede apreciarse que una de las mujeres expresa su deseo de ser querida, lo que la hace entrar en conflicto con otra que también lo desea. La solución, previo conflicto, es incorporarlo a la vida, haciendo con ello que todo vuelva a comenzar.

El desarrollo de la historia de la danza española nada tiene que envidiar al de otros países: está claro que la danza española cuenta con la misma capacidad teórica que el ballet clásico. En esta primera andadura en la Universidad, los alumnos se han mostrado interesados: algunos de ellos plantearon preguntas y en general, se sorprendían por ver marcar algún que otro paso a los ponentes o bien hacer el sonido de las castañuelas, seguramente debido a los modales hieráticos que a menudo adoptan los docentes de universidad cuando dan clase. En todo caso, y a pesar de que el Conservatorio y la Universidad son Instituciones distintas, tienen mucho en común. Entre otras cosas, y al menos, la posibilidad de rigor académico.

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