El pasado 10 de octubre, el Campus de la Universidad Carlos III acogió una conferencia conjunta en la que, destacados miembros del Ballet Nacional de España acompañados de algunos especialistas, hablaron del papel que la obra “Medea” -representada estos días en el Teatro de la Zarzuela- tiene tanto para su institución como para el conjunto de la danza española. El acto tiene como objetivo acercar la danza al público joven, por eso se ha hecho también en otras universidades madrileñas.

En la mesa participaron Luz Neira (profesora titular de historia antigua), Maribel Gallardo (bailarina y maestra repetidora del Ballet Nacional), Antonio Najarro (director del Ballet Nacional de España) y Juan Mata (ex-primer bailarín y actualmente, repetidor de la Compañía). Cada uno de ellos aportó sus enriquecedoras perspectivas.

“Medea” es una de las obras de danza teatral más importantes del repertorio español. José Granero (1936-2006) la creó para el Ballet Nacional de España en 1984. Sus alumnos le llamaban “El Maestro” y así se dirigen a él todavía en la actualidad. Nacido en Argentina, tuvo una buena formación en ballet clásico que comenzó en el Colón de Buenos Aires y siguió en otras grandes escuelas como la del “New York City Ballet” y la de Martha Graham. Considerado uno de los renovadores de la danza española, trabajó con ella  partir de una idea de conjunto es decir, poniendo en relación a libretistas, músicos, escenógrafos etc para crear en función a un mismo tema. En el caso de “Medea”, con libreto y dirección escénica de Miguel Narros, música de Manolo Sanlúcar y bailarines como Manuela Vargas, Merche Esmeralda o Lola Greco (una de las actuales intérpretes) en el papel protagónico.

Y es que “Medea” ha sido objeto de reposiciones desde todos los puntos de vista artísticos: de hecho, este acto -que ha corrido a cargo del aula de las Artes de la Universidad Carlos III– contó con una interpretación teatral de la actriz Paloma Zabala. Tal y como expuso la profesora Luz Neira en su conferencia, el mito parte de la literatura clásica griega pero traspasa la antigüedad y llega hasta nuestros días. Medea es, entre otros, objeto de la psiquiatría (el conocido como “síndrome de Medea”), o inspiradora de parte del movimiento feminista del Siglo XX. Todas estas interpretaciones parten del mito original que la profesora, en una exposición detallada y extensa acompañada de imágenes, explicó en su ponencia. Si bien Neira destacó detalles específicos de la historia filológica, de los aspectos que reproduce Granero (es decir, de la historia narrativa que realmente se ha incorporado a esta obra dancística) cabe destacar que se mantiene el personaje histórico en su esencia, en tanto que Medea sigue siendo una hechicera. La historia literaria cuenta que es hija de Eetes, Rey de la Cólquide, lugar al que llega Jasón en busca del Vellocino de Oro para cuyo viaje reúne a los jóvenes mejor dotados. Cuando llegan allí, Eetes se niega a entregarles el Vellocino de Oro a no ser que superen una serie de duras pruebas. La hija Medea, enamorada de Jasón, les ayuda a superarlas a cambio de conseguir casarse con él, aunque traicione así a su familia y su patria. Lo consiguen, y Jasón y Medea tienen dos hijos en Corinto, pero toda la felicidad se termina cuando Jasón decide casarse con Creusa, la hija del Rey de Corinto, donde viven con sus hijos. El Rey pide que destierren a Medea y es entonces cuando ésta, con un vestido que sería símbolo de reconciliación pero que en realidad está envenenado, mata a Creusa. Presa del dolor, mata también a sus hijos, y se suicida. La obra que estos días puede verse en el Teatro de la Zarzuela junto con otros clásicos españoles, expresa con mayor literalidad esta última parte, centrándose en la boda y en sus consecuencias.

Maribel Gallardo es una de las intérpretes actuales de “Medea”, pero tuvo también ocasión de bailarla con José Granero. La bailarina hace una exposición de su experiencia personal convencida de la necesidad de respetar los consejos que El Maestro dejó. De hecho, señala que es necesario estar en contacto con la gente que lo creó para “respetar la esencia del coreógrafo” (algo difícil de conseguir en danza, pero habitualmente defendido también en el ballet clásico), por eso trae a colación vivencias, experiencias y sensaciones para reconstruir la obra.

Respecto al espíritu de trabajo de Granero señala que es distinto al de esas Compañías privadas donde la técnica es utilizada, principalmente, para agradar a los demás; por el contrario, pedía a sus alumnos “que se fuese de lo interior a lo exterior”, donde la verdad surgía a partir de la exteriorización de lo que uno siente. Medea interesaba al Maestro porque expresa todos los sentimientos. Maribel Garllardo cuenta que exteriorizar lo positivo no le costó, pero que las escenas más trágicas de la obra, y más después de haber sido madre, fueron duras de interpretar para ella.

Es el director Antonio Najarro quien habla de la importancia que para el Ballet Nacional tiene recuperar obras de este calibre: la danza española, sostiene, es un reflejo de nuestro país (más incluso en el extranjero) y esta obra muestra que, más allá del flamenco, se pueden contar historias gracias a su variada técnica. El objetivo del Ballet Nacional en esta temporada es el de la nueva creación, pero también el de la recuperación del repertorio, por eso han decidido volver a bailar este clásico. En el siguiente vídeo se muestra parte del proceso creativo.

Pero es Juan Mata quien sitúa, de cara a un público joven universitario, la historia conjunta del Ballet Nacional de España que tiene su raíz en la institución “Antología” que en 1973 sienta las bases de la que en 1978 creó Antonio Gades, considerada la fecha oficial de inicio de esta institución. Gades montó audiciones por toda España con el objetivo de darlo a conocer y de encontrar bailarines que no sólo estén sacados de los Conservatorios. Para que el público pueda reconocerlo como suyo, colabora con bailarines y coreógrafos ya conocidos como Mariemma, Antonio Ruiz y Pilar López. El propio Gades participa con “Bodas de Sangre”.

En 1980 pasa a estar dirigido por Antonio Ruiz, siendo ese el año en el que el Ballet Nacional de España aparece por primera vez en el BOE (el Boletín Oficial del Estado, documento que recoge la legalidad oficial del país, previa aprobación de las Cortes) y aportando también algunas obras suyas como el “Amor Brujo” y “Retrato de mujer”. María de Ávila es la siguiente, siendo ella la primera en estrenar “Medea”.

Con la colaboración de personas con alta formación internacional como es el caso de El Maestro, el Ballet Nacional no sólo reproduce obras sino que la danza toma otro curso: aparecen por primera vez de forma oficial el estudio dramático y también comienza a pensarse de forma específica la pedagogía. El Archivo del Ballet Nacional recoge este tipo de detalles.

Esta es la primera reposición que se hace de la obra después del fallecimiento de José Granero: con ella, tenemos la oportunidad de asistir a un ballet narrativo en el que, gracias a la pluralidad del lenguaje dancístico español, se pone en escena uno de los clásicos de la literatura mundial.

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