Como estudiante de humanidades, apenas colaboro a terminar con el mito que cierne sobre nosotros, el mismo que nos señala como torpes de la tecnología: no hace tanto tiempo que he descubierto que “wordpress” (el portal al que está asociado este blog) permite saber qué términos de búsqueda introducen los usuarios para acceder al sitio web (es decir, tal persona introdujo, por ejemplo, “ballet” en google accediendo al blog bajo esa vía) Para mi sorpresa, son muchas las personas que día tras día, se plantean preguntan muy interesantes en torno a la danza o la filosofía que, dada su calidad y concreción, seguro que no son resueltas en este espacio.

Hasta ahora he respondido a dudas que algunos lectores han planteado vía email (teoriadeladanza@gmail.com): no obstante, y dado que muchas de ellas se repiten, he creado una cuenta en “ask” (un programa de preguntas y respuestas) asociada al reciente estrenado twitter del blog (@teoriadeladanza) Su funcionamiento es sencillo: al pinchar en el link (http://ask.fm/teoriadeladanzablog) pueden realizar preguntas de forma anónima, cuyas respuestas serán publicadas en twitter. Si se diesen preguntas interesantes, o bien cuestiones que pudiesen ser ampliadas, le dedicaría un post completo en el blog. Considero que este sistema puede ayudar a recopilar información sobre danza y teoría que puede ser útil. Y aunque quizás no sepa responder a todas las cuestiones, siempre es mejor preguntar que quedarse con la duda.

Personalmente, creo que tanto los términos de búsqueda como vuestras preguntas son de una calidad excelente. Al parecer, la gente que se anima a preguntar pertenece más al ámbito de la danza que al de la filosofía. No está demás recordar que la danza puede y debe ser sometida a las mismas cuestiones que se plantean en la filosofía del arte, entre ellas, las de carácter puramente ontológico.

Publico ahora, a modo de ejemplo, dos cuestiones que me han hecho llegar algunos lectores: una de ellas vía email y otra, un recurrente motivo de acceso al blog. Están escogidas al azar.

-¿Qué libro puedo leer de historia del ballet? (Pregunta realizada por email)

Lamentablemente, existen pocos en castellano. Uno de los más accesibles (o sea, que se puede encontrar hasta en grandes librerías como la “Casa del Libro”) es Historia del ballet y de la danza moderna de la historiadora Ana Abad Carlés, que ha sido ampliado en su última edición.

Ahora bien, teniendo en cuenta que preguntas por el ballet en particular, mi recomendación es zambullirse en cualquier biblioteca pública y hacerse con un ejemplar de Adolfo Salazar: fue un crítico afincado en México y es considerado, con toda justicia, uno de los historiadores de ballet más importantes de habla hispana. En concreto, recomiendo La danza y el ballet: introducción al conocimiento del arte y el ballet, publicado por Fondo de Cultura Económica.

-¿Qué relación hay entre el ballet y las matemáticas? (Término de búsqueda introducido)

La asimilación del ballet a la matemática está en el nacimiento mismo del ballet y fuertemente asociado a lo que se considera “verdad” en filosofía. Es una relación esencial. Intentaré simplificar al máximo la respuesta, ya que el tema da para una tesis doctoral.

Desde la modernidad (allá por el siglo XVII, si tuviésemos que situarla en el tiempo cronológico) la matemática es considerada sinónimo de verdad. Desde entonces, nadie duda de que dos más dos son cuatro, a pesar de que no siempre ha sido así. La historia del ballet muestra cómo la matemática, en un principio, estaba cargada de contenido y poco a poco se ha ido reduciendo a cuestiones que se quedan en meras relaciones numéricas. Comencemos con un chiste.

Un niño llega del colegio:

-Mamá, hoy hemos aprendido a sumar manzanas.

-¿Ah si? A ver… ¿cuántos son 2 +2 peras?

-No lo sé -contesta el niño- las peras no las hemos dado.

Para ese niño, como para todos, como para la niñez de la humanidad, hubo un tiempo en el que las matemáticas no sólo eran relaciones cuantitativas (es decir, numéricas) sino que significaban algo del lado de lo subjetivo (¿cómo van a ser iguales las manzanas que las peras -podría preguntarse el niño- si a mí las peras no me gustan?) De hecho, para los griegos las matemáticas eran algo que podía tocarse (en la Academia de Platón los ejercicios matemáticos se hacían con palos y piedras del suelo, luego la matemática era un saber palpable)

Pero, si el ballet es un arte y la matemática una ciencia ¿cómo y sobre todo, por qué están unidos? La respuesta va del lado de la histórica relación entre Verdad, Bien y Belleza. El ballet procede en última instancia del Renacimiento y en el mapa artístico de la época, la mentira no puede ser bella, por lo que es necesario someter al instrumento de trabajo a criterios de Verdad para que la obra de arte proyecte belleza. En el caso de la danza, sólo un cuerpo correcto puede proyectar movimientos bellos. Y sólo los movimientos así producidos son buenos (la ética del ballet) y el resto malos (un ejercicio mal hecho es antiestético, dicen los teóricos del ballet del siglo XVIII y los profesores del XXI)

La matemática es tan esencial al ballet que, como en un juego de espejos (un objeto que está, de hecho, en toda clase de ballet) se proyecta en todas sus formas:

-El cuerpo matematizado: el cuerpo del bailarín asume valores típicos de las matemáticas que encajan muy bien con la disciplina (el control, el rigor y lo milimétrico) La jerarquía del método de aprendizaje en el ballet (de menor a mayor dificultad) tiene que ver con la matemática en tanto que todas sus partes pueden ser descompuestas (los ejercicios complejos pueden retrotraerse a los más simples siendo que todas las partes del proceso deben estar bien hechas) El cuerpo del bailarín dibuja figuras matemáticas (“plié” -triángulo- “rond de jambe” -circulo-) interiorizando así las verdades universales de la matemática.

-El espacio matematizado: el ballet, antes de convertirse en un arte escénico, ya proyectaba figuras geométricas en el espacio. Los miembros de la monarquía y la nobleza (que fueron los primeros bailarines profesionales antes de que se creasen las escuelas de ballet donde podía estudiar también el pueblo) se dedicaban, básicamente, a crear figuras geométricas aderezadas con saludos, cortesías y reverencias. Más tarde, Luis XIV se situaba como vértice del triángulo en las coreografías que creaba, algo que le permitía estar literalmente por encima del público y del resto de bailarines y por lo tanto, controlar visualmente incluso al cuerpo de baile, un cuerpo de baile que danzaba para él.

-Relaciones matematizadas: El ballet clásico, en su afán globalizador, también ha establecido relaciones matemáticas en la Escuela (pensemos en su jerarquía; del estudiante, pasando por el cuerpo de baile, al solista, y la estrella) y hasta en la música. Las relaciones que el ballet tiene con la música son de carácter matemático. Los bailarines, de hecho, necesitan contar la música para bailar.

Y a pesar de que no se debe terminar una respuesta con otra pregunta; ¿No existen fugas en este sistema matemático? ¿Es posible, por ejemplo, hacer un “pas de deux” en base a criterios matemáticos? ¿No es justamente lo vital  lo que diferencia al robot del bailarín y por lo tanto, lo que le da su esencia?

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