La librería El Argonauta de Madrid, especializada en música, acogió el pasado 17 de diciembre la presentación del nuevo libro del escritor y crítico Roger Salas. La nueva obra está centrada en el análisis de la coreografía “Muerte de Narciso” de Alicia Alonso, que fue proyectada durante el acto interpretada por el bailarín napolitano Luca Giaccio durante el último Festival Internacional de Danza de la Habana.

El libro está publicado por Ediciones Cumbres, una editorial creada para las artes escénicas y sus problemáticas específicas que, con esta última publicación abre sus páginas a investigadores y artistas de la danza. Como señaló su directora Mayda Bustamante –la primera en intervenir en este acto- entre los proyectos dancísticos, la editorial tiene pensado publicar una recopilación que incluya todo lo escrito acerca de la “Giselle” de Alicia Alonso.

Después de una primera lectura del libro, comparto la idea de Pedro Simón –director del Museo Cubano de la danza, que también estuvo presente en el acto- cuando señala que el libro enseña, aun no proponiéndoselo directamente, cómo hacer un análisis coréutico es decir, pone de manifiesto la diversidad y complejidad de elementos que se ponen en juego en la creación de una danza. El texto, como apuntó su autor, está escrito en un lenguaje accesible para todos –y no sólo para los conocedores del ballet- pero en el que el espíritu científico está por encima del pasional: no tanto porque ambos estén reñidos, como para dejar constancia de la posibilidad de distanciarse del objeto, condición necesaria para el nacimiento de la teoría. El rigor erudito está presente en este libro, cualidad con la que, desgraciadamente, no cuentan todos los textos de danza. Un libro escrito con estructura académica que respeta el formato de la investigación y cuya presentación, que recojo en las siguientes líneas, abarcó sus temas esenciales.

El primer acercamiento de Roger Salas a la obra de Narciso se produjo durante la lectura de las memorias de Fokine (publicadas en 1940, todavía él en vida) en las que el coreógrafo se queja de la indiferencia que, incluso la historiografía del ballet, ha tenido sobre su obra “Narciso”, creada para los Ballets Rusos de Diaghilev. Una primera referencia que llamó su atención y que posteriormente fue acrecentada por otros estudios como las numerosas obras pictóricas en las que se trata este tema neoclásico y especialmente, la poesía; la mayor parte de los poemas en los que se alude a la figura de Narciso hacen referencia a la “Metamorfosis” de Ovidio, entre las que cabe destacar la de Paul Válery y los de José Lezama.

Alicia Alonso creó esta obra precisamente como homenaje al poeta Lezama; Roger Salas desglosa en el libro parte de la coreografía a partir de las palabras del literato, siendo que algunos de los gestos del bailarín recrean por medio de la pantomima las palabras del poema.

La música, de nueve minutos de duración, está compuesta por el compositor Julián Orbón. Como apuntó Roger Salas, al ver la coreografía, su primera impresión se planteó en forma de pregunta “¿cómo es posible que esta música y esta coreografía no se han encontrado antes?”, y es que la obra participa de una perfecta imbricación entre pasos y música. R. Salas puntualiza la antítesis de lo que los musicólogos suelen considerar respecto a la relación entre música y danza: “No se trata de meter la música en los pasos, sino de lo que puede aportarle lo coréutico a la música”, algo que pocas veces sucede en la historia de la danza, pero que cuando lo hace, crea estilo, como en el adagio del segundo acto de “El Lago de los Cisnes” de Ivanov (de la que Petipa es ya un versionador).

Ya en 1955, cuando Alonso era todavía bailarina, creó una primera versión de la coreografía que tituló “Narcissus and Echo”, pero no es hasta 2010 cuando la retoma. Roger Salas señala que en esta segunda versión, la actual, se ve claramente que la obra está plagada de referencias a la danza del siglo XX. Y es que Alicia Alonso interpretó durante su carrera como bailarina numerosos ballets donde los protagonistas eran personajes de la antigüedad clásica, entre ellos Narciso. Sus papeles femeninos le permitieron observar el papel de sus partenaires con atención, de entre los que “Apolo” es uno de los más relevantes. Alonso, en esta coreografía, recrea en forma de síntesis lo que su memoria guarda de la esencia apolínea (es decir, lo racional y controlado por medio de valores artísticos, algo que tiene mucho que ver con el ballet clásico) Si la obra le hace guiños a la danza del siglo XX es porque contiene todos los personajes neoclásicos de la carrera de la que a su vez, es una de las figuras esenciales de ese Siglo: la propia Alicia Alonso.

El libro alude de forma específica a la ceguera de la que está aquejada desde hace años, que lleva inevitablemente a plantearse cómo es posible hacer coreografía (un arte visual) privado de la capacidad de ver. Pedro Simón nos ha brindado unas palabras sobre la forma de hacer coreografías de Alicia Alonso, de quien dice “crea como si estuviese pintando un cuadro”, de tal manera que indica las tonalidades y los matices a los bailarines. Alonso ve antes en su mente lo que luego dicta, directrices que abarcan desde la mecánica de la técnica hasta el estilo del baile. A veces utiliza objetos para expresar las posiciones generales en la escena, de tal manera que cuando llega el trabajo con los bailarines puede transmitirles una idea muy específica de lo que quiere. Este hecho ha sucedido en otras ramas del arte donde también ha causado revuelo: es el caso de Beethoven en la música o el de Borges, que terminó su vida teniendo que dictar su obra escrita. El propio Roger Salas recoge en el libro una cita del coreógrafo William Forsythe relacionada con la “coreografía mental” en la que ejemplifica cómo algunos matemáticos o arquitectos aquejados de ceguera, consiguen crear un espacio virtual en su mente que recrean después en lo real.

Roger Salas también se ha encargado de la escenografía y el vestuario de la obra para los que, siguiendo las directrices de la coreógrafa, creó un aire retro de tal manera que, siendo moderno estuviera inspirado en la mecánica de los últimos años de los Ballets Rusos de Diaghilev.

El libro termina con un apéndice de poemas dedicados a Narciso. Y es que como Roger Salas afirmó “El verdadero ballet contiene la poesía”.

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