En los países de tradición católica se celebra cada 19 de marzo el día del Padre, una fiesta que conmemora la figura de San José como padre real de Jesús, el simbólico Padre de la Iglesia. Y ello a pesar de la preconizada “muerte del padre” que tan manoseada está desde que el loco-cuerdo nietzscheano gritase a los cuatro vientos, y ante un público incapacitado para comprenderlo, que “Dios ha muerto”.

Nos dicen desde la filosofía, aunque también desde los periódicos, que la paternidad está en crisis: está claro que ni las sociedades, ni el arte, ni las familias se organizan ya bajo el dictado del pater que encarnaba la ley tradicional. Y tanto es así, que parece como si el arte hubiese perdido el norte, como si ya no supiese ni quién es su Padre. Aunque, bien mirado, esto no es nada nuevo: efectivamente, nadie duda de quién es su madre, pero como escribió Freud, las paternidades no son evidentes, por eso al Padre siempre hay que justificarlo. Y autorizarlo.

Y en el ballet ¿quién es papá? Hagamos un ejercicio relatado. Contemos la historia familiar como se contaban antes los cuentos: desde el principio.

SEGUIR LEYENDO

Anuncios