Ullate 2

¿Para qué quiere uno la fama? ¡Hay que hacer famosos a los hijos!” Ullate

Coincidiendo con el XXV aniversario de su Compañía, Víctor Ullate (Zaragoza, 1947) ha presentado el libro “La vida y la danza. Memorias de un bailarín” que, con epílogo de Roger Salas, repasa la vida y la obra del que ha sido uno de los principales bailarines de Maurice Béjart, además de profesor de la mejor generación de bailarines españoles de fama internacional de finales del Siglo XX.

Ullate, a través de la pluma de la profesora Carmen Guaita, se une así al formato “memoria” que, a pesar del inevitable sesgo biográfico que conlleva, es uno de los más utilizados por los bailarines y coreógrafos, hasta el punto de ser, en muchas ocasiones, el único material de investigación con el que se cuenta. Ese sesgo biográfico queda reflejado en el tono de relato que, en ocasiones rindiéndole demasiada pleitesía al fantasma del destino, sirve para amenizar lo que por lo demás es un fiel testimonio profesional que, de forma ordenada, recopila tanto las coreografías en las que Ullate ha participado como bailarín como las que ha creado como coreógrafo, haciendo justicia, a su vez, a los proyectos pedagógicos que ha dirigido a través de sus diferentes Escuelas.

Estas memorias tienen un alto valor documental y permiten hacerse una idea de la importancia que Ullate ha tenido como bailarín, como queda reflejado también en las fotografías que acompañan al libro: desde su humilde infancia en Zaragoza pasó, de las manos de María de Ávila, y después de triunfar en la Compañía de Antonio Ruiz Soler, a ser uno de los bailarines del “Ballet del Siglo XX”, etapa que ha marcado su formación y despliegue como bailarín. Sus coreografías, influenciadas por el estilo de su maestro, tienen una fuerte presencia de técnica clásica y constantes guiños a lo español, cuya máxima expresión probablemente sea el “Amor Brujo”. Pero Ullate es recordado también por coreografiar “Giselle” o “Don Quijote” que no habían sido nunca antes interpretadas por Compañías españolas y que ponen al coreógrafo en el punto de vista de los amantes del clásico. Una especial sensibilidad por lo clásico que partió del interés por interpretar el repertorio para terminar por centrarse, sobre todo, en la pedagogía de la danza.

Y es que es precisamente cuando tuvo que crear estos ballets cuando Ullate vio la necesidad de tener una Escuela de formación permanente de la que pudiera salir después, si acaso, una Compañía, una idea con la que se han creado las grandes Escuelas de ballet que sobreviven en nuestros días (especialmente la francesa, la rusa y la cubana) Y es que es ésta una de las razones que marcan su diferencia con respecto a otros directores españoles: el papel que le asigna a la pedagogía. Víctor Ullate ha creado en España, en ocasiones con ayuda pública, numerosas fundaciones de apoyo a la formación en danza que tienen como objetivo que los bailarines españoles puedan formarse en su país con independencia de sus recursos económicos. De ello han surgido fundaciones como el “Proyecto Alcorcón”, que forma en excelencia a niños y niñas dotados para la danza. En el año 2000 Víctor crea la fundación que lleva su nombre, con una línea pedagógica que apuesta por la formación integral:

Promover el ballet clásico en todas sus posibilidades y facetas, la formación técnica y humana de bailarines y, en general, el fomento de las manifestaciones culturales relacionadas con el arte de la danza, así como la formación complementaria en todas las artes en general” (pp. 409-410, a partir de los “Estatutos de la Fundación Víctor Ullate”) También ha creado proyectos sociales como “Primeros pasos” que beca a niños y niñas de centros de acogida de la Comunidad de Madrid para que se formen en su Escuela, o el “Ballet Mestizo” para fomentar el interés por el baile entre los jóvenes inmigrantes.

Pero es mucho antes, en 1983, cuando se crea la “Escuela Víctor Ullate”, periodo en el que, si se atiende a sus coreografías, parece cada vez más asentada su técnica. Por sus manos han pasado bailarines como Lucía Lacarra o Igor Yebra. Como se pregunta el crítico neoyorkino Clive Barnes:

¿Qué tienen en común Ángel Corella, Joaquín de Luz y Tamara Rojo? Un maestro, Víctor Ullate (…) Los métodos pedagógicos de Ullate son singularmente inusuales (…) tiene su característica personal, que es el enorme énfasis que pone en las posiciones, comenzando con unos ejercicios de barra inusualmente largos, variados y exigentes, donde se trabajan ya los equilibrios ya las piruetas. La mayor importancia de la clase parece concederla a esa barra, de tal manera que el trabajo de centro les parece a los bailarines una recompensa. Y eso funciona. Miren a esos bailarines. España ya no es solamente el hogar del flamenco.

 “A time for Spain”, en Dance Magazine, octubre de 1998.

Ullate, educado en el ballet contemporáneo de Maurice Béjart -muy influenciado por el budismo- considera el abdomen como el centro del cuerpo, aun siendo la espalda, por lo demás, el eje energético básico y lugar fundamental desde el que surge el equilibrio. Pero aprender una técnica sólida es tan importante para él como poder sobrepasarla, un ejercicio necesario para entender un arte tan mecanicista como el ballet. Como él mismo afirma:

Me parece importante trabajar el eje corporal. Pero sobre todo doy mucha importancia a las sensaciones. Para mí son prácticamente todo. Un bailarín tiene que estar impregnado de sensaciones mientras baila (…) Me gusta trabajar la musicalidad, que es mucho más que la mera técnica. El bailarín tiene que sentir la música nota a nota, como un cantante (…) Quiero artistas, no máquinas (p. 361)

Pero a pesar de este cuidado por la técnica clásica tan presente en sus clases, Ullate compone lo que puede considerarse “ballet contemporáneo”, donde lo contemporáneo surge a partir de una profunda relación (muchas veces de rebeldía) con la técnica clásica. Con estas ideas, Ullate se sitúa en una linea estilística en la que participan gran parte de los coreógrafos europeos:

El clásico es más virtuoso en cuanto a la técnica, exige más depuración. El contemporáneo está más basado en el movimiento natural, pero si tú quieres ser un bailarín contemporáneo fantástico tienes que haber pasado por el clásico. Si la danza es un lenguaje, el clásico es la gramática. Te hace conocedor de tus miembros, de tu espacio, de tu cabeza, te ayuda a tener más libertad (p. 384)

Víctor Ullate, acompañado de su inseparable Eduardo Lao, sigue creando en su Compañía, ahora con sede estable en los Teatros del Canal, y apoyando el estudio de la danza en su Escuela. Con estas memorias se deja constancia del acervo cultural dancístico de la danza en España de la que él es, sin duda, uno de sus indiscutibles representantes.

Ullate, Víctor; Guaita, Carmen La vida y la danza. Memorias de un bailarín. La esfera de los libros. Madrid, 2013 (Todas las referencias pertenecen a esta edición)

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