Blanca Li trae a los Teatros del Canal su obra “Robot”, una brillante y divertida coreografía en la que participan robots y humanos que anima a cuestionar las relaciones entre el hombre y la máquina.

¿Qué diferencia al hombre de la máquina?, ¿qué diferencia el movimiento del bailarín de un autómata o robot? Estas preguntas vienen de antaño. Parten, de hecho, de las entrañas mismas del pensamiento moderno, el mismo que ha llevado la bandera de la técnica hasta la más alta cumbre de la tecnología. Nuestra manera de relacionarnos con las máquinas (teléfonos, ordenadores, tarjetas o hasta microondas) tiene su pistoletazo de salida en el creciente impulso que la ingeniería tomó con el surgimiento de las ciudades modernas. Y es que hoy en día estamos tan acostumbrados a relacionarnos con las máquinas que hemos olvidado el enorme esfuerzo que supuso para Occidente aprender a crear aparatos que ayudasen a volver la vida más fácil. Hemos olvidado lo que les costó hacerse valer socialmente a aquellos que trabajaban con las manos – artesanos e ingenieros que utilizan el saber práctico- frente a siglos de superioridad intelectual de teóricos y teólogos.

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