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El segundo tomo de la colección Estudios musicales del clasicismo está dedicado a la danza. El libro, de carácter académico, aúna un conjunto de artículos con aspecto científico que giran en torno a una temática común: la danza en España a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. Un periodo que, tal y como afirman en el preámbulo, deciden llamar por convención, “clasicismo”: “Porque si ya son complejas (y cuestionables) las diversas denominaciones de los distintos periodos, más aun si esa denominación relaciona dos artes como la música y la danza, cuyos momentos estéticos y definiciones temporales caminan parejas”. En este periodo se fomenta el ballet d’accion y, desde entonces, la danza teatral aparece como un género propio separado de la ópera.

José Ignacio Sanjuán (CSDMA) abre el libro con un artículo de recopilación bibliográfica sobre la danza hecha en España entre 1759 y 1808. Al contrario de lo que sucede en otras artes, en la danza escasean los estudios críticos de referencias bibliográficas que faciliten al investigador la localización del material, lo que no hace sino contribuir a una dispersión de fuentes que enturbia la investigación. Haciéndose cargo de algunas definiciones esenciales (“baile dramático”, “bailes nacionales”, “danza pura”…), el artículo es una buena panorámica bibliográfica, importante para cualquier estudioso que quiera rastrear el mencionado periodo histórico.

Germán Labrador (UAM) escribe “Sobre la estatuaria, matachines y baile pantomímico en el siglo XVIII: el fin de fiesta de Disparates concertados (1735)”. El estudio, centrado en la relación entre el baile pantomímico, el baile de los matachines y la estatuaria, se centra en el fin de fiesta de la obra “Disparates concertados dicen bien en todo tiempo”, escrita en 1735 por Marcos de Castro. Esta divertida obra también es analizada, en lo que constituye un valioso intento de catalogación argumentada. Y es que la fiesta combina elementos que parecen típicos del barroco, con otros más cercanos al ballet-pantomima de Noverre.

Carlos González en “Las funciones de máscaras públicas (1767-1773): agentes para el gobierno de la música y el baile, comercialización de repertorios y su música”, hace un análisis de los danzas impulsadas por el Conde de Aranda: son los conocidos como “bailes de máscaras”, uno de los géneros predilectos de las clases altas para celebrar el Carnaval. Estos bailes fueron prohibidos en España hasta 1767, momento en el que se trasladaron a los teatros, un hecho que permitió la asistencia de las clases bajas a las representaciones. El autor rastrea este contexto desde el papel de los directores, los maestros de danza y las orquestas.

Cristina Roldán (UAM) escribe el artículo “Bailes y danzas en los teatros de Madrid (1800-1808)”, el más historiográfico de todos. En el repasa, de la mano de documentación del Diario de Madrid y de la Biblioteca Histórica, el auge de los “bailes nacionales” que se produjo tras la prohibición de los “bailes extranjeros” de 1799.

Es Guadalupe Mera (CSDMA) quien crea una atmósfera desde los intereses habituales del bailarín, aunque sin olvidar el rigor académico. Su artículo, titulado “Máiquez y los cómicos contra la Compañía de baile de los Lefebre-Lebrunier”, analiza la polémica  que se desató en el Diario de Madrid durante el año 1807, en el que la proliferación de bailes franceses en detrimento de los españoles ocasionó una rica trifulca con tintes de identidad. Además, en este periodo, se propuso por primera vez la creación de una escuela nacional de baile: dirigida por Fernando Lefebre, su reglamento –en el que los intereses legislativos y estéticos se entrelazan– refleja el deseo de crear una institución pública para la danza. La importancia histórica de este acontecimiento resulta evidente: “Observamos que esa escuela nacional de baile a cargo del Ayuntamiento de Madrid se formó y funcionó entre los meses de octubre de 1807 y junio de 1808, y a falta de investigación documental, nos arriesgamos a proponer que se trata de la primera escuela nacional que aparece en la historia de la danza en España” (p. 104) La polémica se ve atravesada además por el parecer de cómicos y actores, lo que no hace sino enriquecer la visión de las artes escénicas como conjunto.

El libro incluye la transcripción de dos libretos de bailes pantomímicos representados en Madrid a comienzos del XIX: “La Danzomanía o el fanático por el baile” y “Telémaco en la isla de Calipso”.

Siempre son de celebrar las publicaciones académicas sobre danza, un género que en España apenas se cultiva, en detrimento de otros de carácter fotográfico o reiterativo (biografías de famosos bailarines, libros de historia de la danza generalistas y centrados en los mismos temas, etc), más propios de coleccionistas que de expertos. Las publicaciones académicas, además de mostrar que se puede hacer un acercamiento riguroso a la danza, demuestran que la cooperación interdisciplinar (historiadores, musicólogos, bailarines…) enriquece a todos.

VV.AA., Estudios musicales del clasicismo: danza y ballet en España, Asociación Luigi Boccherini, Editorial Arpegio, Madrid y Sant Cugat, 2015.

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