“Madre Tierra” de Eduardo Lao y “Pastoral” de Víctor Ullate llenan estos días las noches de los Teatros del Canal. Interpretados por el ensemble del discípulo de Béjart, cuentan con dos invitados de lujo, Lucía Lacarra y Marlon Dino.

“Tierra Madre” es una obra sin narrativa que nos remonta, a través de la hipnótica música de la lapona Mari Boine Persen, a las raíces de la tierra. Con movimientos rítmicos y repetitivos y a través de figuras coreográficas simples que no siempre consiguen superponerse con agilidad, destaca el cuerpo de baile femenino, que lleva con sus formas a los ritmos trivales más profundos.

Tierra madre

Pas de trois en “Tierra Madre”

“Pastoral” pone en danza las diferentes etapas de la vida: la niñez, la madurez y la vejez son las protagonistas de una tríada que se mueve al son de Beethoven y que va in creccendo hasta hacer resucitar a la muerte, que revive gracias al movimiento sin fin del baile. Los bailarines de Ullate gozan de buena salud y sus coreografías siguen siendo una de las pocas creaciones autóctonas que sobreviven en el ballet contemporáneo español.

En muchas de las representaciones de estos días, el papel protagonista de la obra “Pastoral” se lo llevan el matrimonio profesional de Lucía Lacarra y Marlon Dino. Algo inexplicable sucede cuando esta pareja entra a escena, algo que quizá sólo pueda señalarse sucintamente con metáforas que apenas consiguen rozar la realidad con palabras. Kant se devanó los sesos para explicar qué eso de lo “sublime” en el arte, y a Sthendal le invadió sorpresivamente como una agitación espiritual y física al mismo tiempo, como antaño le pasó a la extasiada Santa Teresa. En español, cuando una obra de arte nos conmueve hasta las entrañas, decimos que tiene “duende”, un no-se-qué que tan sólo algunos grandes artistas, como Federico García Lorca, se han aventurado a definir. Al igual que Goethe, nuestro escritor se refiere a él como ese «poder misterioso que todos sienten y que ningún filósofo explica». Quizá por eso los artistas han sabido expresarlo mejor que los intelectuales, dando pinceladas intuitivas y penetrando de soslayo en una de las sensaciones más placenteras que se pueden experimentar.

Lo que sucede cuando este matrimonio entra a escena alcanza un grado de verosimilitud difícil de enclaustrar en palabras. Como dijo nuestro escritor en su famosa conferencia: “La llegada del duende presupone siempre un cambio radical en todas las formas sobre planos viejos, da sensaciones de frescura totalmente inéditas, con una calidad de rosa recién creada, de milagro, que llega a producir un entusiasmo casi religioso”. Interpretando el papel de la madurez afectiva y ataviados con unos maillots que simulan la desnudez, Lucía Lacarra y Marlon Dino parecen moverse incluso cuando están quietos. Enlazados en un pas de deux expresan ese plus de afecto que irradian las parejas que se aman.

Y así, por un momento, parece como si todo lo demás se suspendiese y sólo sus cuerpos tuviesen sentido. Así nos regalan un momento de presente pleno, agraciados por la plasticidad de sus cuerpos. Lorca confiaba en la capacidad de la danza para expresar este terrenal infinito: “Todas las artes son capaces de duende, pero donde encuentra más campo, como es natural, es en la música, en la danza y en la poesía hablada, ya que estas necesitan un cuerpo vivo que interprete, porque son formas que nacen y mueren de modo perpetuo y alzan sus contornos sobre un presente exacto”.

Ese presente exacto que, sin embargo, se mueve en la danza creando una paradoja esencial, debe ser el duende, ese que en palabras de Lorca “opera sobre el cuerpo de la bailarina como el aire sobre la arena”, rozándola y bendiciéndola. Eso parecen las formas del ballet académico en los cuerpos de Lacarra y Dino, una esencia irracional, una ensoñación que emula la desnudez y la tranquilidad de la edad adulta, del amor total y de la madurez perfecta. Ambos se mimetizan con ese plus poético que aunque ningún filósofo puede explicar, explica el arte.

Lacarra-Dilon

Lucía Lacarra y Marlon Dino en una de las escenas de “Pastoral”. “Gracias al duende que agota la voz y el cuerpo de la bailarina, evasión real y poética de este mundo”. García-Lorca

FICHA TÉCNICA: Coreografía: Tierra Madre; Coreógrafo: Eduardo Lao; Música: Mari Boine Persen; Diseño de vestuario: Keso Dekker. Coreografía: Pastoral; Coreógrafo: Víctor Ullate; Música: Beethoven; Escenografía: Paco Azorín; Iluminación; Nicolás Fischtel; Vestuario: Víctor Ullate, Ikerne Giménez. Compañía de Víctor Ullate. Teatros del Canal. 31 de agosto de 2016. Madrid.

 

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